El contacto con la naturaleza
El ser humano es parte integrante de la naturaleza. Si a este le privas del contacto con la misma se encuentra descolocado en su vida. Las sociedades urbanas donde millones de personas se agrupan en grandes ciudades son el cultivo perfecto para problemas de depresiones, ansiedad, obesidad, anorexia, bulimia y un largo etcétera de enfermedades mentales.
La falta de contacto de las personas con el medio ambiente sano para el cuerpo humano lleva a multitud de problemas de toda índole para las sociedades como son problemas económicos, de vivienda, de seguridad, sanitarios etc etc.
Las sociedades estresadas llevan a hacer que sus miembros estén en tensión permanente. Los conocidos como urbanitas convencidos son potenciales enfermos a medio y largo plazo.
La gente se va de vacaciones a destinos muy de cartón piedra, ya que aparentemente todo está preparado para que nos entre por los ojos y luego lo disfrutemos, pero la realidad es que los destinos vacacionales, en teoría, más atractivos son trucados adecuadamente para presentarse como la panacea a nuestros problemas, cuando la realidad es que precisamente los agravan.
La gran mayoría de la población es desconocedora de la terapia tan fantástica que es el contacto con animales en el campo. Muchas personas desconocen el origen de los alimentos que consumen. Dan por hecho que todo está en la línea de estanterías de los grandes supermercados y que son los productos más maravillosos que se pueden encontrar en la faz de la Tierra. El ser humano actual es un gran desconocedor de su entorno. Prefiere medicarse a medio y largo plazo a perder el tiempo absorviendo los olores y demás sensaciones que nos brinda la naturaleza.
Los conocidos como "ecologistas de ciudad" son los grandes falsarios de la realidad que nos ofrece esta. El abanico de posibilidades del campo, del monte, de los ríos y riachuelos, de los embalses naturales es casi inimaginable. La naturaleza está para que la disfrutemos, no para hacer "productos envasados" con ella. Hay que acercarse a esos lugares fantásticos que nos ofrece para disfrutarla en profundidad, no hay que pretender que nos traigan trocitos de ella para poner en los estantes de nuestra cocina, de nuestro salón o de nuestro dormitorio para simular que estamos integrados en la naturaleza. Eso es autoengañarnos. Una salida al campo es mucho más gratificante que 1.000 macetas de geranios y otras plantas ornamentales en nuestro domicilio.




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